P R O G R A M A
Este año se inicia un nuevo periodo electoral enmarcado en un contexto de grandes cambios en la política de personal, un Acuerdo por la Estabilidad, Modernización y Desarrollo Profesional (Plan de Empleo) y un Plan Estratégico para la Modernización de la Diputación, ambos planteados por las necesidades de cambio organizativo y de imagen, a lo que se ha llegado debido a que durante décadas la Corporación ha sido vaciada de contenidos competenciales y funcionales, mientras que se ha aumentado de forma desmesurada una estructura de asesores y personal de confianza, cuyo único efecto ha sido un escandaloso coste presupuestario, que además en la práctica no ha supuesto beneficio alguno para la buena marcha de la Diputación.
A estas prácticas se le ha sumado la creación casi sistemática de “Empresas públicas” que han duplicado competencias, situación que ha ido a peor, ya que la mayoría de estas empresas “instrumentales” casi tampoco tienen contenidos. A esto se le suma la cada vez más usual subcontratación de servicios, con lo que merman aún más las funciones y contenidos de la propia Diputación.
Además hay que añadir la pérdida de puestos de trabajo justificada en la intención de abaratar costes, con cierres de servicios (Servicios propios de cocina, Residencia de Sanlúcar, Centro de Acogida, etc.) y disminución de la calidad de los que van quedando, en menoscabo de las necesidades de la propia Diputación y su plantilla, y lo que es peor, las de los Ayuntamientos.
En este marco de indefinición de servicios, vaciamiento de competencias y sistema presupuestario enrevesado, es lamentable ver cómo la Diputación destaca el excesivo capítulo de personal. Si quitaran el alto volumen de plazas presupuestadas y no cubiertas, de puestos y complementos personales adjudicados de forma arbitraria y sin argumentos organizativos, y de personal de confianza y asesores, nos quedaríamos con la plantilla real. Además, plantilla desmotivada por la ausencia de la carrera profesional, en parte sobrecargada de funciones y con un alto porcentaje de personal eventual. En definitiva, una plantilla poco ajustada a la realidad funcional existente y casi al borde del colapso por las malas condiciones de trabajo, razones por las cuales la Corporación pretende organizarla con los proyectos referidos.
A estas prácticas se le ha sumado la creación casi sistemática de “Empresas públicas” que han duplicado competencias, situación que ha ido a peor, ya que la mayoría de estas empresas “instrumentales” casi tampoco tienen contenidos. A esto se le suma la cada vez más usual subcontratación de servicios, con lo que merman aún más las funciones y contenidos de la propia Diputación.
Además hay que añadir la pérdida de puestos de trabajo justificada en la intención de abaratar costes, con cierres de servicios (Servicios propios de cocina, Residencia de Sanlúcar, Centro de Acogida, etc.) y disminución de la calidad de los que van quedando, en menoscabo de las necesidades de la propia Diputación y su plantilla, y lo que es peor, las de los Ayuntamientos.
En este marco de indefinición de servicios, vaciamiento de competencias y sistema presupuestario enrevesado, es lamentable ver cómo la Diputación destaca el excesivo capítulo de personal. Si quitaran el alto volumen de plazas presupuestadas y no cubiertas, de puestos y complementos personales adjudicados de forma arbitraria y sin argumentos organizativos, y de personal de confianza y asesores, nos quedaríamos con la plantilla real. Además, plantilla desmotivada por la ausencia de la carrera profesional, en parte sobrecargada de funciones y con un alto porcentaje de personal eventual. En definitiva, una plantilla poco ajustada a la realidad funcional existente y casi al borde del colapso por las malas condiciones de trabajo, razones por las cuales la Corporación pretende organizarla con los proyectos referidos.
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